Ignus y el misterio de la sartén de fuego

 En un separado país vivía el mago Ignus, un mago muy rara al que le encantaba brincar con fuego. A Ignus le encantaba editar un conjuro y hacer que las cosas que había más o menos empezarán a arder. Pero lo que más le gustaba era la columna de humo que salía cuando apagaba el fuego con un cubo de agua que sacaba rápidamente de un pozo.

Ignus nunca hacía sus experimentos interiormente de casa para que esta no saliera ardiendo. Aún así, en más de una ocasión se había llevado un buen susto.

-No deberías brincar con fuego – le decía su vecina la víbora.

-¡Hay que ver qué aburrida eres, vecina víbora! – contestaba Ignus.

– Algún día tendrás problemas con el fuego – insistía la víbora. Pero Ignus le da igual, y seguía a sus cosas.

Un día, mientras Ignus se preparaba la cena, algún llamó a la puerta. Normalmente, Ignus no tenía nunca entrevista, y eso le extrañó.

– Seguro que es la pesada de mi vecina la víbora – dijo Ignus-. Cerrar regañarme por la gran humareda que he preparado esta tarde ahí fuera. La despachará en un segundo.

Y dejando la paila en el fuego, Ignus a cascar la puerta. Cuál fue su sorpresa al descubrir que no era la víbora quién llamaba la puerta, sino un antiguo compañero de estudios al que hacía décadas que no veía.

-¡Qué sorpresa envejecido amigo! – dijo Ignus al cascar la puerta.

– Estoy de paso y al entender que vivías aquí quería tener lugar a saludarte – dijo el otro.

Uno y otro empezaron a platicar sobre su vida, su trabajo y sus proyectos. escasamente llevaban unos minutos hablando cuando se oyó a la víbora avecina patalear:

-¡Fuego, fuego!

– No te alarmes vecina, no estoy jugando con fuego – dijo Ignus.

– Entonces, ¿ qué es lo que veo por la ventana de tu cocina? – preguntó la víbora.

Ignus fue corriendo hasta la cocina. La paila estaba ardiendo. Sin entender que pasaba, el mago fue corriendo al pozo por un cubo de agua. Su envejecido compañero y la vecina víbora cogieron otro cubo de agua, por si tal vez.Y, como con los fuegos, Ignus tiró al agua sobre la paila.

Pero el fuego, en vez de apagarse, se enfureció más. Poco que había en la paila saltó en torno a Ignus y su capa comenzó a arder. Por suerte su amigo mago y la víbora estaban allí y le echaron encima sus cubos de agua y el fuego se apagó. Pero la paila sigue ardiendo.

-¿Este es otro de estos experimentos mágicos, Ignus? – preguntó la bruja-. ¿Ahora te dedicas a brincar con fuego interiormente de casa?

-¡No! Estaba haciéndome la cena – dijo Ignus. Y añadió, muy asustado:

-Este fuego misterioso va a derrochar mi casa y no puedo hacer carencia para evitarlo.

Viendo que el agua no conseguía apagar el fuego, uno y otro magos empezaron a editar hechizos. Y así estuvieron un buen rato. Hasta que al visitante se le ocurrió preguntar:

-¿Qué había en la paila, Ignus?

– Unto – respondió Ignus-. Iba a freír unas patatas.

-¿Y has dejado la paila al fuego llena de óleo? – preguntó la víbora.

-Sí – respondió Ignus-. ¿Por qué lo preguntas?

-Lo que arde la paila es el óleo -dijo la bruja-. Rápido, trae un paño mojado o una tapadera.

Ignus cogió la gran tapadera y se la dio a la víbora.

-Esa no, que es de cristal -dijo la bruja-. Dame una tapadera metálica.

Ignus buscó una tapadera metálica y de la dio a la víbora. Esta puso la tapadera encima del fuego y retiró la paila a un flanco.

-¿Qué haces? – dijo horrorizado Ignus.

-Preparado – dijo la víbora, levantando la tapadera de la paila. El fuego había desaparecido.

La víbora miró a los dos magos y les dijo:

-Cuando arde una paila con óleo no debes echar agua. Lo que debes hacer es tapar la paila en llamas con poco, como un trapo mojado o una tapadera metálica.

-¿Por qué no valen las de cristal? -preguntó Ignus.

-Porque pueden explotar con el calor del fuego -dijo la víbora.

-Y, ¿el trapo húmedo? -preguntó el visitante.

-Eso además vale -dijo la bruja- pero debe estar húmedo para que no se prenda.

-Entonces, intriga resuelto, ¿no? -dijo Ignus.

-¿Pedimos una pizza? -preguntó el visitante, delante la sorprendida examen de los otros- ¿Qué? Vengo de alucinación. ¡Tengo escasez!

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