El misterio de las palabras mágicas

Face expression of cute little girl, angry. Emotion of pretty girl cartoon character. Vector illustration isolated on white background

 

Había una vez una pupila muy impertinente convocatoria Nina. Nina creía que todo el mundo tenía que estar irresoluto de ella para satisfacer sus deseos. Por eso, cuando pedía poco, lo hacía con muy malas formas.

Nina iba al parque todos los días. Lo primero que hacía era subirse a su columpio protegido. Si estaba ocupado s el crío o pupila que estuviera en él se bajaba. Todo el mundo sabía que en cuanto llegaba Nina era mejor dejarla hacer lo que quisiera porque, si no, se iba a producir una buena.

Pero un día, cuando llegó al parque, en el columpio de Nina había un crío que no conocía. Cuando lo vio, Nina le dijo:

-¡Eh, tú! Bájate de mi columpio.

-Este columpio no es tuyo, es de todos. Y yo he llegado primero. Ahí tienes otro emancipado, úsalo -dijo el crío.

-Ese no me gusta -dijo Nina-. Quiero ese, en el que estás sentado tú.

-Pues tendrás que esperar un poco, porque acabo de conservarse -dijo el crío.

-¡He dicho que te bajes! -gritó Nina-. Si no, me pondré delante y no te podrás columpiar.

-Está perfectamente -dijo el niño-. Me bajaré si dices las palabras mágicas.

-¡O te bajas o te empujo! -dijo Nina.

-Esas no valen -dijo el crío, sin inmutarse-. Pero te daré una pista: las groserías no valen, y las palabras violentas siquiera.

Nina estaba muy enfadada y se fue. Cuando llegó a casa le contó a su principio lo que había pasado. Cuando acabó le dijo a su principio:

-Dame agua.

-¿Y las palabras mágicas? -dijo su mamá.

-¿Es que no has oreja lo que te acabo de aseverar? ¡No sé cuáles son! -gritó Nina-. ¡Venga, dame agua!

-¿Y las palabras mágicas? -insistió su principio.

-¡Arggg! ¡Que no las sé! -protestó Nina-. Y dame agua de una vez.

-Cuando descubras las palabras mágicas -dijo su madre-. Si no las sabes, pregunta por ahí.

-No me lo puedo creer -dijo Nina. Y se fue.

Al día subsiguiente Nina volvió al parque y allí estaba otra vez aquel crío en su columpio.

-Mira, trabucón, no tengo ganas de discutir, así que vamos a terminar pronto -le dijo Nina-. Dime las palabras mágicas, yo las repito y despierto.

-Así no funciona -dijo el niño-. Pregunta por ahí.

Nina estaba desesperada. ¿Cuáles sería aquellas misteriosas palabras mágicas? A posteriori de pensar un poco pensó que lo mejor sería preguntar por ahí. Nina vio a una señora muy veterano por allí y pensó que seguro que ella conocería las palabras mágicas.

-Señora, ¿conoce usted cuáles son las palabras mágicas? Es que ese crío de ahí no se va a descender del columpio hasta que no se las diga.

-¿No las conoces? -preguntó la señora-. Mi nieto te las puede aseverar.

La señora llamó a su nieto y le dijo:

-Si tu quisieras subirte a ese columpio y tuvieras que aseverar unas palabras mágicas para que ese crío se bajara, ¿qué dirías?

 

-Inmaduro, por valía, ¿me dejas el columpio? -contestó el crío.

-Ya le he dicho que se baje, pero no funciona -dijo Nina.

-Es que no se la has pedido por valía -dijo el pequeño, y se fue a recrearse.

-¿Por faqué? -dijo Nina.

-¡Por valía! -le gritó el crío.

Nina volvió al columpio y le dijo al crío que estaba allí:

-Por valía, ¿me dejas el columpio?

-¡Claro! ¡Sube! -exclamó el crío. Pero no se había terminado de descender cuando le dijo:

-Te error una cosa

-¿Qué? -preguntó Nina.

-Empieza por g, luego le sigue una r, y una a… -dijo el crío.

-Gra….. gra… ¿¡Gracias?!

-Excelente. Todo tuyo.

Cuando llegó a casa Nina probó a pedir las cosas usando las palabras mágica. De repente todo el mundo era amable con ella y no tuvo que volverse a enfadar con nadie. ¡Sí que son poderosas las palabras mágicas, sí!

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